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instaladoenungerundio

Well, go get your shovel

Despierta. Vamos, arriba. ¿No ves que ya no queda verano? ¿Acaso no sientes el cambio en el aire, en las hojas, en los cantautores apostados con sus maletines abiertos en las calles? Abre los ojos, ábrelos y parpadea un par de veces. 

¿No te das cuenta? Son las 12 y te toca volver a la calabaza. Te espera en un despacho oscuro como boca de lobo con las manos entrelazas bajo la barbilla y una sonrisa pegajosa en medio de la cara. Te espera entre estanterías rancias y ojos cansados. Vete quitando el zapatito de cristal porque ya no tendrás ganas de bailar. Coge el mocho y vuelve a tu sitio, piérdete de nuevo entre la gente.

Pero no te lamentes. ¿Por qué lo harías? Nada has perdido puesto que nada has tenido. Te has dejado abrazar por la ilusión demasiado tiempo y ahora tienes frío, normal, no te culpo. Bueno, no demasiado. Pobre Alicia, juegan al tiro al plato con tu pequeña burbuja de cristal una y otra vez. Tienes que dejar de parar los golpes con tu cuerpo y asumirlo de una vez y, simplemente pequeña, dejarlo ir. Balancea la mano en el aire y diles adiós con una enorme sonrisa falsa sacada de algún anuncio de dentífrico, la espalda erguida, la cabeza alta, la voz firme. Solo te permitiré temblar por dentro, conteniendo la convulsión entre las paredes de tu vientre, los latidos de tu desbocado corazón fuertemente sujetos en tu caja torácica. Desciende a los infiernos con la resignación de quien solo tenía un tour de unas horas en el cielo y llévate un par de fotos. 

La de las primeras cañas, por ejemplo, o la del día en que hablaste de festivales culturales ganándote un apodo cariñoso. La de la palabrota, la del ataque de risa a tu sistema nervioso. No olvides la de los guiños, las miradas sostenidas sobre la mesa, los qué tales, los hasta pronto, los comentarios sobre cierto reality show y la de los pedacitos de tu locura que empezaron a vislumbrar.

Y luego, sin demorarte demasiado, acaricia con tu mano callosa la rugosidad de la madera y cava profundo para enterrarlo todo y poder seguir viviendo entre grises. Tira el vestido, la corona y el perfume al agujero a tus pies. Da media vuelta y sin mirar mucho más atrás retrocede hasta el punto de partida. Muy buenas noches, princesa.

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