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instaladoenungerundio

Para Guille

Fría. Como un témpano de hielo. Pero contigo me fundo como el caramelo. Te veo sentado tranquilamente en el borde de la cama y no puedo evitar saltarte encima y darte un abrazo. Aplastarte, más bien, con mucho cariño.

Nunca me apartas. Es más, sonríes y me lo devuelves. Siempre a lo bestia, como Guille a Mafalda, pero es que nos gusta más así,  "bruticos" hasta la médula. 

Las noches son mi momento favorito. Cansados, ambos bajamos las barreras a la vez y nos deshacemos en mimos más o menos estúpidos. A veces me olvido de lo mucho que ha pasado el tiempo y aún hago amago de leerte cuentos o me sorprendo cuando me ganas las peleas. Otras, como hoy, nos haces niños a los dos por un momento.

Tienes miedo, conozco esa sensación. Te sientes solo, no entiendes lo que te hace diferente y te pierdes en el temor de que los demás no te acepten. Basta mirarte a esos ojos grises, que descansan sobre la almohada cerca de los míos, para detectar todo eso y un brillo acuoso cerca de las pestañas que no debería estar ahí. Mi cuerpo sigue relajado pero mi cerebro hierve, encendido por la rabia y un deseo de protegerte de ese mundo que trata de quitarte la dulzura y hacerte menos inocente. Que te hará forjarte una coraza que muy pocos podrán traspasar para superar el día a día.

Siento alivio cuando consigo arrancarte unas carcajadas y tus ojos se secan, y aunque ahora brillan, lo hacen de otra forma. Hablamos, pero es una conversación diferente a las anteriores. Ambos tenemos doce, ambos tenemos veintiuno a la vez. Es un instante tan nuestro que los demás solo pueden asomarse a mirar.Tan pronto como se apagan nuestras voces el momento termina.

Duermes. 

Buenas noches tato, yo también a ti.

 

 

 

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